miércoles, 3 de agosto de 2016

el perdón egoísta

Y ahí estabas tú
dolido y compasivo
perdonándome un daño
que no había cometido.
Esperando que mi garganta se abriese
para mirar el torbellino
y encontrar el amor
que según tú había engullido.
Compadeciéndote de mí
y yo que soy como el ruido en la noche
que no sabes de dónde procede
comienzo a sonar.

martes, 26 de abril de 2016

Soledad

Difícil es discriminar
en un montón de matorrales
sin perder la razón
ni vivir en un mundo extraño
rico en matices que nadie reclama
acaso no es eso la soledad

Las piedras se erosionan
sin llegar a ser otra cosa que piedras
sin poder discernir
qué es arraigo y qué desamparo
Cuando no se sale de uno mismo
la misma emoción
encubre dos amenazas

Todo ha de estar a mano
cuando no hay un más allá
es lo mismo el temor y el deseo
a quién desear cuando todo es deseo
a quién culpar del miedo
cuando todo empieza y acaba en uno mismo.




Ceguera mental

Esta ceguera
me permite ver
más de lo que sé
y me hace torpe
pues no puedo dar cuenta 
de lo que veo
cómo lo explico,
si yo no sé nada.
Titubear es hablar claro
cuando escondes algo que desconoces
Y el ridículo es un estado más honesto
que la esperanza

Los sentimientos son una burla
de la verdad
Y la esperanza no es un sentimiento
sino un no ahogarse en ellos
porque esperarse es siempre un desvarío
yo ya me he hecho el duelo
sin más llanto
que la locura
de no saber qué sucede
porque la certidumbres es un vagón
que en un movimiento inercial
viaja hacia un nuevo temor

domingo, 7 de junio de 2015

Madrid

Una gestión de obligado cumplimento, para todo aquél que vive en Madrid, es ir en metro. En él suelo observar cómo las personas se abandonan. La gente que muestra lo mejor de sí misma en el exterior no encuentra motivos para ocultar su decadencia bajo tierra. En el metro puedes encontrarte a la señora que lo da todo por colarse en la caja del supermercado, desplomada en un asiento de plástico meado, bajo esa luz de garaje que hace a todas las personas iguales,  que desvela el maquillaje grano a grano revelándolo superfluo e inútil.  Quizá para esa señora maquillarse sea vital para poder dar una imagen que al menos la conforme, pero en el metro sólo cabe la resignación. Quizá por eso la mirada muerta, sin ninguna intención aparente. La piel de su cara debido a su edad se descuelga sin ninguna expresión que la sostenga, conformando una boca triste inmotivada.  

Creo que existe el consenso implícito de no hablar de lo que ha ocurrido en el metro afuera. La gente no toma en cuenta que el de enfrente se hurgue la nariz, todos somos el de enfrente.  La persona de enfrente parece angustiada, la miras y sabes que tú también lo estás, como si de un espejo de alma se tratase. De dónde viene tanta angustia cuando todo carece de importancia. La apatía es un virus activo que te mantiene como un ser doliente, es un dolor que se integra en tu día a día de tal forma que se hace irrelevante, pero no por ello es inexistente. Cuando uno es  demasiado adulto y maduro como para lamentarse, se corre el riesgo de creer que la pena y la frustración, ya no existen, y entonces ya no cabe la más mínima esperanza.

 Es imposible saber en qué momento se escuchará el mayor estruendo bajo el túnel negro, el tren chirría entre las vías de metal y eso lo sabemos todos, pero no vemos nada, tenemos que acostumbrarnos a un ruido desagradable que no podemos ver, porque no vemos de dónde procede. Cuánto queda para llegar a mi parada de metro, llegaré tarde a trabajar, no sé si podré aguantar mucho más en este lugar. Aguantaré lo que me toque, en realidad. Cuando tienes trabajo puedes dejar el piloto automático y suicidarte, una máquina siempre será más eficaz que una persona porque no piensa. El pensamiento me hace torpe y me impide hacer bien mi trabajo. Me miro reflejada en la ventana del tren, tratando de encontrarme, pero mis ojos hundidos se convierten en dos agujeros negros, es por la luz -me digo-, la luz viene de arriba y las cuencas de mis ojos quedan en sombra.  En el reflejo de la ventana sólo se iluminan las partes de mi cara inexpresivas, mi identidad queda en sombra. En el metro nadie aspira a ser alguien especial.

viernes, 31 de octubre de 2014

martes, 31 de diciembre de 2013



Hace un año que no miras, que no piensas de esa forma tan digna.  Hace un año que no te peinas, ni te vistes como una señora. Que no te sientas en el sofá. Ni escucho tu bastón y tampoco el agua correr del lavabo. Hace un año que no te lavas las manos ni te echas perfume. 
Tus vestidos y objetos, los que te eran mas preciados y los que te eran anodinos, ya no te pertenecen. A veces los miro y hago un esfuerzo para apropiártelos de nuevo, pero no te pertenecen. No te dejaste todas tus cosas, las arrojaste con desprecio porque ya no vale. Tu DNI está tirado en la mesa, nadie lo recoge porque ya no sirve.
Ya no vales nada ni sirves para nada. 

Nosotros seguimos aquí, pendientes de valer algo. Pero a veces me distraigo, mirando el mar, las estrellas, la tierra, y puedo entender cómo estás.

Cuando siento que valgo me siento bien de poder hacerte un homenaje. Aunque a ti ya no te importe. 

sábado, 16 de noviembre de 2013

de las profundidades


Me retiro de la ciudad, me basto yo misma para no ser nada, en la Madre Naturaleza.  La tierra declara en silencio, ser la causa de todo. Claudico y pliego mi extrañeza, descubriéndome sencilla y suficiente. Todo lo demás no basta.